Pico Peñarroya, un dosmil muy poco indicado

La palabra que resume la ascensión a mi primer dosmil, el Moncayo, fue ilusión. La subida al Tozal de Guara significó esfuerzo. Mi debut en una media maratón, superación. Y el tercer dosmil de mi vida, el Pico Peñarroya, lo conquisté por perseverancia. Son experiencias y aventuras disparejas, pero con un denominador común: la sensación de bienestar al llegar a meta. Sin importar que ésta adopte forma de cruz en lo alto de una montaña, de gran arco hinchable o de enorme pilar.

Una piedra vertical nos esperó al final de un albo camino en esta ocasión. El manto nivoso que cubría los últimos metros fue nuestra particular alfombra roja. El paisaje ideal para llegar a una cumbre que nos costó pisar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl Pico Peñarroya tiene 2028 metros y la ruta comienza alrededor de los 1400. La subida no es complicada. Ni mucho menos. El principal escollo que se debe superar es la escasísima, diría que nula, señalización. Si no se toma la decisión acertada en los cruces mal indicados (y son varios) se correrá el riesgo de hacer bastantes más kilómetros de los debidos. Eso nos sucedió a nosotros.

No somos (ni yo ni  mi compañera de ascensos) expertos en montañismo. Pero de los tres picos de estas características que hemos subido, incluso de las bastantes rutas de senderismo completadas, ésta del Pico Peñarroya es, sin duda, la peor delimitada. Para muestra un botón: la primera flecha hacia la cumbre se encuentra, aproximadamente, 8 kilómetros después del inicio de la ascensión.

Primero vamos a situarnos. El Pico Peñarroya es el más alto de la provincia de  Teruel. Forma parte de la Comarca de Gúdar – Javalambre y su ascenso debe iniciarse desde el pequeño pueblo de Alcalá de la Selva, que dista 47 kilómetros de la capital turolense. Una buena opción es hacer noche en Mora de Rubielos (a 18 km del punto de partida). Recomendable también es visitar Rubielos de Mora, considerado como uno de los pueblos más bonitos de España.

Rubielos de MoraComo ya he comentado, la señalización brilla por su ausencia. Así que hay que seguir las marcas de la GR-8. La ruta, en gran parte, discurre por pistas forestales bastante amplias que hacen cómoda la subida.

El primer contratiempo lo vivimos pronto, apenas una hora después de habernos puesto en marcha. A la derecha de la pista, agazapada tras unas piedras, dando paso a un estrecho camino, estaba esa maldita marca roja y blanca que no vimos.

Un kilómetro para adelante hasta darnos cuenta del error. Retroceso, como es obvio, de la misma medida y, cuando la desesperación amenazaba, la divisamos. Ahora estaba clara. Grande. Incluso tenía delante un cairn. Eso sí, nada generoso. Con dos kilómetros más de los debidos en nuestras piernas, continuamos. Primer exceso.

Después de recorrer el angosto camino salimos de nuevo a una holgada vía que discurría en tendido pero continuo ascenso.

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A 3.000 metros de la cima llegó la segunda y más complicada disyuntiva. La que sí que estuvo a punto de hacernos tirar la toalla. La escena dibujaba una señal que marcaba una fuente y un área recreativa a 500 metros, un camino ascendente a nuestra izquierda (en el que sólo se indicaba que por ahí no iba el GR-8) y unas instrucciones extraídas de Internet muy poco recomendables. ¿Qué pasó? Lo previsible: nos volvimos a perder.

Llegamos hasta la fuente. A la izquierda un sinuoso sendero jalonado por una vegetación espesa llevaba a Valdelinares (al  menos sabíamos cuál no debíamos escoger). Las opciones quedaban reducidas a tres: seguir recto, tomar el camino que aparecía frente al del pueblo o volver atrás y encarar la pista ascendente ya comentada.

Primero elegimos continuar recto. Un kilómetro de ida y otro de vuelta. Cabizbajos, y con otros 2.000 metros más de regalo, probamos con la vía que hacía de espejo a la de Valdelinares. Afortunadamente ésta desaparecía a los 50 metros. Ya estaba claro. A la tercera iría la vencida. Recorrimos el medio kilómetro que separaba la fuente del cartel que anunciaba su existencia y comenzamos a subir por el camino de la izquierda.

“Lo más lógico es que sea por aquí”, nos repetíamos como una suerte de mantra para autoconvencernos. Pero la lógica tenía poca cabida después de varios errores. Un simulacro de cruce nos hacia vacilar. Cualquier pista, por pequeña y difusa que fuera, generaba incertidumbre.

Un kilómetro después debía aparecer el ansiado cartel. Y lo hizo, pero tarde. Exactamente 500 metros después de lo esperado. El objetivo se acercaba. Nos restaban, teóricamente, 2 kilómetros. Para no perder la costumbre fueron más, casi 3.  Al final llegó. Vimos el pilar vertical. A su lado otro aún más grande se erigía como la meta final y definitiva.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFue así cómo, el pasado domingo 9 de marzo, superé mi tercer dosmil. Una vez más volví a sentirme importante en lo alto de una montaña. Después de una reponedora ingesta de chorizo y lomo ibérico llegó el momento de bajar. La ampolla del pie avisó pronto de que no iba a ser fácil. Los gemelos tampoco daban muchas alegrías. Al menos ahora conocíamos la ruta a seguir.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAlcanzamos el que había sido punto de partida y, como en otras ocasiones, los malos momentos se disiparon por arte de magia. Sólo recuerdos buenos. Positivos. Imágenes de bellos paisajes, verdes árboles y blancos senderos.

En total fueron 27 kilómetros (5 más de los esperados), pero daba igual. Aún cansado, despojándome de las botas cuyo roce con la piel era más que perceptible, tenía ganas de seguir. Olvidarme del dolor e ilusionarme con nuevos retos. Quién sabe si repetir y mejorar los ya alcanzados. En definitiva, sentirme henchido de orgullo otra vez. Volver a superarme. De eso se trata.

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Acerca de Óscar Fernández Civieta

Nací en Salamanca el 22 de junio de 1979. Desde julio de 2011 vivo en Zaragoza, así que me considero mañico de adopción. Soy licenciado en Periodismo y diplomado en Turismo. He sido becario en El Periódico de Aragón, sufrí una beca en Aragón Press-Aragón Digital y tuve el gran placer de hacer las prácticas de la carrera en el programa "Mundo Solidario" de Radio Exterior de España. En 2010, durante mi estancia de cinco meses en Argentina, colaboré con el programa "Hombres al Aire" de FM Zonica (Vicente López, Buenos Aires). En la actualidad soy redactor jefe en eldiario.es Aragón y colaboro como redactor y responsable de redes sociales en webs y blogs de diversa temática. Si quiere saber algo más sobre mi vida profesional, en este blog encontrará mi currículum actualizado. Ademas, en la pestaña de Ámbito profesional puede ver algunas muestras de mi trabajo. Ver todas las entradas de Óscar Fernández Civieta

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