Un PP sin (vergüenza)

Más allá de lo acertado, o no, de las medidas que están tomando. Sin meter el dedo en la llaga de los seis millones de parados que sitúan a España al borde del colapso. Incluso no teniendo en cuenta que cada día crece el número de personas en este país que viven por debajo del umbral de la pobreza. A pesar de todo esto, lo más preocupante y mosqueante de la situación actual es la actitud de los dirigentes del PP en general y del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en particular.

Estos señores, recostados cómodamente en su mayoría absoluta, han perdido el norte hace mucho tiempo. De su diccionario han desaparecido sustantivos tan importantes como solidaridad, humanidad, ciudadanos o personas. Y verbos como escuchar o ayudar.

Los miembros del PP se ríen de nosotros (de todos y cada uno de nosotros) día tras día. Votantes y no votantes suyos somos marionetas en sus manos. Pretenden que seamos simples muñecos que bailemos al son que a ellos les interesa. Una sintonía marcada por la continua pérdida de derechos, la privatización y un enorme pasotismo hacia las protestas y manifestaciones, de distintos sectores, que cada día recorren las calles de las ciudades de esto que llaman España.

Bajo el amparo de un sistema pseudo-democrático se creen con el derecho de hacer lo que les venga en gana, aun a riesgo de pisotear y tirar por el sumidero conquistas sociales logradas hace muchos años. Les da igual que sus decisiones lleguen a provocar infaustos desenlaces. Los suicidios de personas que iban a ser desahuciadas o el incesante incremento de ciudadanos que cada noche duermen en cajeros, parques o puentes son fehacientes ejemplos del lóbrego y siniestro rumbo por el que discurre este país.

Pero no solo actúan así porque se creen con poder para hacerlo, sino también porque son unos cobardes con mayúsculas. El PP está viviendo en estos momentos el mayor escándalo de corrupción de la historia de España. Mientras la gente se muere de hambre en la calle, los ciudadanos desayunamos cada día con cifras astronómicas de euros cobradas en dinero negro y bajo cuerda.

Lo  mínimo, todo suponiendo que sigamos viviendo en democracia, es que alguien dé explicaciones. Pues no es así. Al menos ellos no lo entienden de esta manera. Han olvidado y obviado que el pueblo, los ciudadanos (les hayan votado o no), tienen derecho a estar informados. Merecen que se les diga qué está ocurriendo. Nada más lejos de la realidad. Rajoy, en lugar de dar la cara, se esconde detrás de un plasma.

O mejor todavía, da una rueda de prensa junto con el primer ministro polaco y solo permite dos preguntas. Realizadas estas por un periodista de ABC y otro de la Agencia EFE. Cuestiones, se supone, que el presidente no conocía. Pues no. Este señor con barba que preside España leyó la respuesta. Esas preguntas estaban preparadas y consensuadas con los periodistas (o al menos con sus superiores) de estos dos medios, que se arrodillaron y colaboraron con el sistema. Que pusieron de su parte para que la información (pata básica de cualquier democracia) no llegara a los oídos del resto de españoles. Y si alguien todavía lo duda, solo hace falta ver la cara que se le ha quedado hoy al presidente cuando un periodista rumano le ha preguntado por el caso Bárcenas.

Para más inri, el señor Rajoy se permite el lujo de decir que “un presidente no puede estar todo el día saliendo a dar explicaciones”. Ni todos los días ni ninguno, Mariano. Tú no informas a nadie. No tienes lo que hay que tener para dar la cara y decirle a tu país lo que está pasando. Tienes terror a enfrentarte a un micrófono, una grabadora o un cuaderno ajeno a los medios afines a tu partido.

Cualquier presidente con un mínimo de dignidad no solo habría dado las explicaciones oportunas a su pueblo, sino que, con casi total seguridad, hubiera dimitido. Pero en España no, aquí el jefe del Estado puede pasarse por el Arco del Triunfo las acusaciones de robo y estafa. A Rajoy ni le ha sobrevolado la mente la opción de dejarlo, algo que habla muy mal de su dignidad, ética profesional y categoría humana.

Hoy el presidente del Gobierno ha anunciado que comparecerá en el Congreso de los Diputados. Tarde, muy tarde. También ha dicho que dará su versión. Casi mejor que diga la verdad y que, acto seguido, presente su dimisión.

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Acerca de Óscar Fernández Civieta

Nací en Salamanca el 22 de junio de 1979. Desde julio de 2011 vivo en Zaragoza, así que me considero mañico de adopción. Soy licenciado en Periodismo y diplomado en Turismo. He sido becario en El Periódico de Aragón, sufrí una beca en Aragón Press-Aragón Digital y tuve el gran placer de hacer las prácticas de la carrera en el programa "Mundo Solidario" de Radio Exterior de España. En 2010, durante mi estancia de cinco meses en Argentina, colaboré con el programa "Hombres al Aire" de FM Zonica (Vicente López, Buenos Aires). En la actualidad soy redactor jefe en eldiario.es Aragón y colaboro como redactor y responsable de redes sociales en webs y blogs de diversa temática. Si quiere saber algo más sobre mi vida profesional, en este blog encontrará mi currículum actualizado. Ademas, en la pestaña de Ámbito profesional puede ver algunas muestras de mi trabajo. Ver todas las entradas de Óscar Fernández Civieta

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