Cuando el fútbol sólo era fútbol

Antes de que este artículo tome forma, y para evitar que los que me conocen piensen que he perdido la cabeza del todo, debo aclarar que me sigue encantando el fútbol. Que ha sido, es y será mi pasión. Trato de ver todos los partidos que puedo -a pesar de que las televisiones cada día lo ponen más complicado- y mi corazón sufre siempre que los jugadores del Athletic de Bilbao pisan un terreno de juego. Dejo esto claro para que nadie se asuste al leer los siguientes párrafos.

Aún me gusta este deporte. Repito: deporte. Me maravilla que Messi o Cristiano Ronaldo hagan magia con el balón. Que Xavi sea capaz de llevar el ritmo y el peso de un partido él solo o que un menudo y humilde chaval de Fuentealbilla, llamado Andrés Iniesta, consiga no perder la pelota con medio equipo contrario persiguiéndole. Eso es lo que amo. El fútbol con mayúsculas: el esférico, el césped, las redes, los goles, los banderines de córner. Empero cada vez soy más reacio a todo lo que le rodea. Desde que, hace ya muchos años, comencé a verlo y practicarlo, hay muchas cosas que han cambiado. Desgraciadamente para mal.

Estoy cansado de presidentes a los que sólo les importa vender camisetas. Harto de gente que ha convertido lo que es un precioso deporte en un mercado en el que lo único que cuenta son los billetes. No aguanto a los jugadores que están más pendientes de no despeinarse que de meter gol. Los mismos que esperan la menor oportunidad para auto vanagloriarse de lo buenos que son. Normalmente lo hacen ante unos periodistas que ya no saben cómo dorarles más la píldora.

Creo, sinceramente, que la Liga española es cada día más aburrida. Una competición en la que las diferencias económicas han hecho que haya dos equipos muchos peldaños  por encima del resto. Entre otras cosas porque, curiosamente en la época de los desahucios, a los clubs de fútbol se les permite acumular deudas millonarias. Afortunadamente, en la campaña actual tenemos la honrosa excepción del Atlético de Madrid.

Tampoco ayuda mucho la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). Un ente que parece empeñado en dinamitar el balompié y, en particular, acabar con la antaño competición más bonita del país: la Copa del Rey. Cómo puede ser posible que cada año, temporada tras temporada, no se sepa el lugar ni la fecha de la final hasta uno o dos meses antes de ser disputada.

Entre el presidente de la federación, Ángel María Villar, y sus secuaces, terminarán por tirar por el inodoro este maravilloso torneo. Dinero, dinero, dinero. Esa es la palabra protagonista. La que ha adelantado por la derecha a otras mucho más bonitas como gol, regate, parada o pase en profundidad. Es imposible entender un sistema de competición copero tan absurdo como el actual en el que es prácticamente imposible que los equipos pequeños puedan llegar lejos. ¡¡Cuánto deberían aprender de los ingleses!! En la organización de la copa y en muchas cosas más.

Pero… ¿por qué ha llegado el fútbol a este punto, a este callejón sin salida? En parte por las televisiones. Son las que mandan. Las que ponen sus exigencias encima de la mesa. Y la federación la que se pliega y arrodilla ante ellas sin el más mínimo atisbo de duda o vergüenza.

Todo por hacer crecer un poquito más sus emolumentos bancarios. De ahí los horarios de locura implantados en la Liga española, perdón, en la Liga BBVA, que aquí pillan todos. Hay partidos los viernes, los sábados, los domingos y, por supuesto, los lunes. Para empezar la semana un encuentro a las 22.00 horas. Perfecto para que los padres lleven a sus hijos. Atrás quedaron aquellas geniales tardes de domingo con 7, 8 o 9 partidos a la vez. Con las radios echando humo. Goles, penaltis, tarjetas. Lo echo de menos.

La prueba fehaciente de que es un error está en la cantidad de aficionados que cada fin de semana acude a los estadios. Netamente inferior a la de las últimas campañas. Tampoco ayudan mucho los medios de comunicación; al menos alguno, no meto a todos (ni mucho menos) en el mismo saco. Programas como Futboleros (Marca TV) o Punto Pelota (Intereconomía) son de vergüenza ajena. Con temática deportiva, pero lo más parecido a Sálvame, La Noria, y demás telebasura que he visto en mi vida.

Con contertulios como Tomás Roncero o Siro López, que aseguran ser periodistas, pero que demuestran, día tras día, que cuando en clase se habló de objetividad ellos prefirieron quedarse en el bar jugando al mus. Más que especialistas del balón parecen Kiko Matamoros y Belén Esteban.

Salvo honrosas excepciones, como El Día Después, Informe Robinson o (aunque no sea ni la sombra de lo que fue hace unos años) Estudio Estadio, los platós de los programas de fútbol suelen reunir a pseudo especialistas que solo hablan (mejor dicho gritan) sobre el Real Madrid y el Barcelona. El resto de equipos no existen para ellos.

Auténticos gallineros similares a los de los programas del corazón. Y para rematar la faena, si el presentador, como en el caso de Punto Pelota, es el ínclito Josep Pedrerol, apaga y vámonos. Un maleducado que ya ha demostrado en directo, en más de una ocasión, su animadversión contra los becarios. Su odio a unos jóvenes, que están aprendiendo, y se matan a trabajar por un mísero sueldo que, a buen seguro, no llega ni al 0,001% del suyo.

Entre unos y otros continuarán con su feroz campaña para cargarse este precioso divertimento. Confío en que no lo consigan. El fútbol es demasiado grande como para que unos cuantos mercenarios lo destrocen.

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Acerca de Óscar Fernández Civieta

Nací en Salamanca el 22 de junio de 1979. Desde julio de 2011 vivo en Zaragoza, así que me considero mañico de adopción. Soy licenciado en Periodismo y diplomado en Turismo. He sido becario en El Periódico de Aragón, sufrí una beca en Aragón Press-Aragón Digital y tuve el gran placer de hacer las prácticas de la carrera en el programa "Mundo Solidario" de Radio Exterior de España. En 2010, durante mi estancia de cinco meses en Argentina, colaboré con el programa "Hombres al Aire" de FM Zonica (Vicente López, Buenos Aires). En la actualidad soy redactor jefe en eldiario.es Aragón y colaboro como redactor y responsable de redes sociales en webs y blogs de diversa temática. Si quiere saber algo más sobre mi vida profesional, en este blog encontrará mi currículum actualizado. Ademas, en la pestaña de Ámbito profesional puede ver algunas muestras de mi trabajo. Ver todas las entradas de Óscar Fernández Civieta

3 responses to “Cuando el fútbol sólo era fútbol

  • jagherrera

    Hola Oscar, Bueno el artculo y verdadero todo lo que dices, pero en ese campo yo no doy cuartel: Sustituira 80 % de las retransmisiones deportivas por programas culturales, ningn deportista ganaria ms de 6.000,Eur./mes; el 20% de lo recaudado en entradas ser destinado a obras sociales,etc.,…….Creo que para darse cuenta de hasta que punto el futbol puede idiotizar a un pais entero, hay que vivir en Brasil y ver como ese fenmeno estupidizante ha ido tomando las cabezas de los espaoles durante los ltimos 30 aos. Antes habia futbol pero, como tu bien dices, era otra cosa.Ojala sigas disfrutando mucho y muchos aos con el “furbo”. Yo paso “olimpicamente” y cuando se presenta la ocasin lo critico.”Ti chaber gente pa t”, que dijo Belmonte.AbrazoJose A. Date: Fri, 19 Apr 2013 16:25:39 +0000 To: jagh360@hotmail.com

  • La Copa del Rey agoniza | Óscar F. Civieta

    […] fútbol es la más importante de las cosas sin importancia. Por ello, conviene cuidarlo. Pero el de verdad. […]

  • La bula del fútbol (y de los futbolistas) | Óscar F. Civieta

    […] solo cuatro ejemplos (por desgracia hay muchísimos más) de lo podrido que está el fútbol por dentro. Del fango que se acumula en sus cloacas. Yo amo este deporte. Pero cada vez odio más […]

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