Las nuevas tecnologías

No soy ningún experto en nuevas tecnologías, es más, considero que mi conocimiento sobre estas es bastante escaso. Incluso entro en el grupo de rara avis que todavía no tienen Internet en el móvil (excepto cuando hay wifi) y descubrí el wasap hace apenas dos meses.

Se podría decir que voy en el furgón de cola de los que conviven diariamente con todos estos nuevos servicios que parecían utópicos unos años atrás. Sin embargo, desde la lejanía, firme en mi posición distante, creo que puedo asegurar, como otros muchos (no hay que ser ningún genio), que las nuevas tecnologías son un avance, algo bueno, positivo y útil, siempre y cuando se utilicen de manera correcta.

Comenzaré con los teléfonos móviles y su uso básico, yo diría que ya incluso ancestral y arcaico, es decir, llamar y recibir llamadas. Es obvio que estas pequeñas máquinas son realmente útiles, la posibilidad de ponerte en contacto con cualquier persona, estés en la situación que estés, supone una gran ayuda, sobre todo, en momentos complicados: accidentes, retrasos, pérdidas, etc.

El problema es que si no se hace un uso correcto se pueden convertir en una adicción y un importante despilfarro económico. Muchas personas afirman en la actualidad, sin el más mínimo rubor, que no pueden vivir sin su móvil. Echando la vista atrás, parece imposible que el mundo haya sobrevivido tantos y tantos siglos sin la compañía rutinaria de estos aparatos.

Yo os puedo asegurar que cuando empezaba a salir con mis amigos no existían, había teléfonos fijos, y no en todas las casas, pero nunca, repito, nunca, he dejado de quedar o de ver a los míos por no poder contactar con ellos. Simplemente llamabas a su casa, a la de su primo o a la de su tío, y si no había suerte, te ibas al bar de todos los días y siempre aparecía alguien, tan fácil como eso.

Pero los móviles han dejado de ser teléfonos hace ya mucho tiempo. Con la aparición del iPhone o las tablets se han convertido en pequeños ordenadores portátiles con los que puedes hacer, casi, de todo. Pero lo principal, el uso básico en los últimos tiempos, es lo que se conoce como whatsappear. No voy a negar, tampoco en este caso, que es un sistema realmente válido y, lo más importante, gratuito.

Lo malo es que el maldito wasap terminará con las maravillosas conversaciones alrededor de unas cervezas en un bar. No puedo soportar cuando mi contertulio, en vez de hablar conmigo, que soy una persona, con ojos, cara, boca, que está delante suyo, a menos de un metro, no me hace ni p…. caso y prefiere dedicarse a mantener conversaciones absurdas a través de su pequeño dispositivo.

Si este servicio de mensajería se utilizara de manera correcta, para dar una información, para quedar, para hacer una pregunta necesaria o para avisar de que tu mujer está dando a luz, me parecería perfecto, pero en la mayoría de los casos los diálogos son de este tipo:

-Ktal tio
-Bien nl sofá. Tu?
-Toy con oscar
-Cmo le va
-Bah cmo siempre
-Toy rventao
-Ayr ns psamos
-Ya tdigo
-Vi al Rul
-Y k?
-Na tio lo de siempre
-Bueno, tdejo
-Vale, luego tpego un tke

Poco más hay que decir ante este dechado de virtudes dialécticas, este homenaje a la semántica y a la gramática, y, por encima de todo, ante la profundidad y la importancia de lo contenido en esta conversación que, aunque sea inventada, no dista demasiado de las que aparecen en los móviles de los habituales usuarios de wasap.

Vamos a cambiar el tercio, pasamos a las redes sociales. Las hay de todo tipo, para jóvenes, Tuenti, para todas las edades, Facebook o Twitter (aunque cada una con un uso y una misión específica); las hay profesionales como LinkedIn o especializadas en fotografías como Flickr. Como en los anteriores casos, estas páginas, que hace unos años entraron en nuestras vidas por la puerta de atrás y no tienen visos de marcharse, tienen un aspecto netamente positivo si su uso es el correcto.

Me voy a referir a una de las más conocidas: Tuenti. Enfocada a un público más joven, se ha convertido en un lugar en el que la gente, tan recelosa de su intimidad en otras ocasiones, muestra a los cuatro vientos sus fiestas nocturnas, sus ridículas poses (que todos hacemos) en la soledad del baño y el espejo, sus últimos vestidos o la cantidad de litros que han ingerido en una noche. A ver cómo explicas ahora que tu vomitona nada más llegar a casa estaba provocada porque te había sentado mal el bacon de la hamburguesa, cuando hay una instantánea en la que se te ve con 10 litros de kalimotxo delante.

Seguimos. Con ciertas diferencias, por la edad media de sus usuarios, pero el uso de Tuenti es similar al de Facebook. Sin embargo, esta red también es manejada por personas más mayores que hacen de ella un uso más lógico y comedido (y esto os lo dice uno que ha colgado una foto con una mitad de la cara afeitada y la otra no). No obstante, debo recordar que hace una década también sabías dónde iban tus amigos de vacaciones o cuales eran los gustos de la chica/o que te gustaba sin necesidad de cotillear su perfil.

También está Twitter, mi favorito. Creo que es el más útil y, desde luego, el que recibe un mejor uso. No obstante, siempre aparece ese tuit, esa frase a la que no le encuentras ningún sentido. Son como estas: “Llevo media hora en el Bar José esperando a mi hermana”, “me acabo de levantar”, “en media hora a la pelu”, “me quedan chicos los vaqueros, tengo que comer menos”, a todos ellos les digo: “¡¡Y A MÍ QUE ME IMPORTA!!!!”.

Y después de toda esta sarta de críticas y burlas, debo reconocer, todo sea dicho, que tengo Tuenti, Twitter, Facebook (incluso a veces subo fotos de fiesta) y wasap pero, hasta el momento, lo tengo controlado, al menos eso creo.

Pero no todo es malo, hay algunas aplicaciones que son realmente útiles. Por ejemplo, la de los cumpleaños. Para personas como yo, con una memoria de pez para las fechas, me parece maravilloso que la red social me recuerde cuándo es el aniversario de mis allegados, soluciona muchas situaciones comprometidas y peligrosos olvidos.

Además, gracias, en parte, a las redes sociales, se han generado grandes y necesarios movimientos sociales como el 15-M o la Primavera árabe. En el fondo, pensándolo bien, esto de las redes sociales es un buen invento.

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Acerca de Óscar Fernández Civieta

Nací en Salamanca el 22 de junio de 1979. Desde julio de 2011 vivo en Zaragoza, así que me considero mañico de adopción. Soy licenciado en Periodismo y diplomado en Turismo. He sido becario en El Periódico de Aragón, sufrí una beca en Aragón Press-Aragón Digital y tuve el gran placer de hacer las prácticas de la carrera en el programa "Mundo Solidario" de Radio Exterior de España. En 2010, durante mi estancia de cinco meses en Argentina, colaboré con el programa "Hombres al Aire" de FM Zonica (Vicente López, Buenos Aires). En la actualidad soy redactor jefe en eldiario.es Aragón y colaboro como redactor y responsable de redes sociales en webs y blogs de diversa temática. Si quiere saber algo más sobre mi vida profesional, en este blog encontrará mi currículum actualizado. Ademas, en la pestaña de Ámbito profesional puede ver algunas muestras de mi trabajo. Ver todas las entradas de Óscar Fernández Civieta

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